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dilluns, 26 de març del 2012

Difícil de creure

La Nasa descubre indicios de agua en Mercurio
El agua en forma de hielo podría haber estado protegida de los rayos abrasadores del cercano sol, en el interior de cráteres profundos a los que no llega la luz .
El agua en forma de hielo podría subsistir en los polos de Mercurio, protegida de los rayos abrasadores del cercano sol, en el interior de cráteres profundos a los que no llega la luz solar, según nuevos datos de la sonda Messenger de la Nasa.
El planeta, el más interior de nuestro sistema solar, puede llegar a temperaturas superiores a los 400 grados centígrados. Pero los científicos se han preguntado si los depósitos brillantes vistos en las exploraciones mediante radar podrían ser agua en forma helada.
La sonda Messenger de la Nasa ha enviado imágenes que muestran que estos depósitos están relacionados con cráteres en sombra permanente, lo que apoya la posibilidad de que se trate de hielo. "Nunca antes dispusimos de imáganes capaces de ver las cartacerísticas de las zonas donde se encuntran estos depósitos brillantes", declaró Nancy L. Chabot, científica de esta misión en el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins.
Las imágenes del instrumento MDIS muestran que todas las características brillantes al radar cerca del polo sur de Mercurio se encuentran en zonas de sombra permanente, y cerca del polo norte de Mercurio dichos depósitos también se observan sólo en las regiones de sombra, resultados consistentes con la hipótesis de que se trate de hielo.
Chabot precisó que estos hallazgos no son la prueba definitiva de que los depósitos sean de hielo de agua, puesto que se han encontrado en algunos cráteres que son más calientes, y requerirían una capa de aislamiento. Los científicos continúan analizando los datos.
Messenger alcanzó la órbita de Mercurio en marzo de 2011, y desde entonces orbita el planeta dos veces al día, recogiendo cerca de 100.000 imágenes y más de cuatro millones de mediciones de la superficie de Mercurio.

dijous, 20 de maig del 2010

Estrelles que devoren planetes


El 'Hubble' detecta una estrella que devora un planeta
El astro está a 600 años luz de la Tierra y el cuerpo a su alrededor cumple una órbita completa en un dia terrestre
A.R. - Madrid - 20/05/2010
Wasp-12 es una estrella normal, parecida al Sol, situada a unos 600 años luz de la Tierra, en la constelación del Auriga. A su alrededor gira un planeta que se descubrió en 2008, si masa es un 40% superior a la de Júpiter y está tan cerca de su astro que cumple una órbita completa (un año) en poco más de un día terrestre. El planeta se llama Wasp-12b y dejará de existir dentro de diez millones de años, el tiempo que la estrella tardará en devorarlo completamente. El proceso ya está en marcha, y el telescopio espacial Hubble lo ha detectado.
El proceso por el que un cuerpo estelar va robando materia de otro es conocido, pero hasta ahora se había visto sólo en parejas de estrellas, en sistemas binarios, nunca tan claramente entre una estrella y un planeta a su alrededor. Sin embargo se había predicho algo así: hace sólo tres meses un científico de la Universidad de Pekín, Shu-lin Li, publicó en la revista Nature un trabajo en el que calculaba que la superficie de un planeta podría resultar distorsionada por la fuerza de gravedad de su estrella y que las fuerzas de marea calentarían su interior hasta tal punto que provocarían la expansión de su atmósfera. Esto es justo lo que ha descubierto ahora el Hubble, según informa el Instituto Científico del Telescopio Espacial. La atmósfera de Wasp-12b ha crecido hasta tres veces el radio de Júpiter y está trasfiriéndose a la estrella. El hallazgo se detalla en la revista Astrophysical Journal Letters
Al existencia del Wasp-12 se descubrió en un rastreo automático que mide ligeras caídas periódicas de la luminosidad de estrellas, lo que puede indicar que un planeta en órbita se cruza por delante en la línea de visión desde la Tierra. Es lo que se llama un tránsito, una de las técnicas ahora habituales para descubrir planetas extrasolares. Ahora el Hubble se ha ocupado de este caso, apuntando su espectrógrafo Cos, de alta sensibilidad en ultravioleta, y ha sido capaz de medir el ligero oscurecimiento de la estrella en el tránsito obteniendo información muy valiosa.
El análisis de la luz ha permitido a los astrónomos, dirigidos por Carole Haswell (Open University, Reino Unido) identificar las firmas de elementos como aluminio, estaño y manganeso especialmente pronunciadas durante el tránsito, lo que indica que están presentes en la atmósfera del planeta y que está ya muy caliente y extendida. Además, gracias al Cos, los astrónomos han logrado medir con alta precisión cuánta luz de la estrella resulta bloqueada cuando pasa el planeta por delante y han calculado, el radio de este último. El resultado es que su exosfera está ya mucho más extendida de lo que correspondería a un planeta con una masa igual a 1,4 veces la de Júpiter. El radio de Wasp-12b supera la frontera gravitacional más allá de la cual la pérdida de materia de la atmósfera es irreversible. A partir de ahí es cuestión de tiempo, 10 millones de años, para que el astro se trague completamente el planeta.

dilluns, 16 de novembre del 2009

El misteri dels positrons


El misterio de los positrones galácticos



El telescopio de rayos gamma de la ESA, INTEGRAL, resuelve uno de los misterios sobre la formación de antimateria en el centro galáctico

CELIA SÁNCHEZ 16/11/2009

La antimateria no es sólo un término de ciencia ficción. Las partículas de antimateria se crean y se destruyen cotidianamente en los aceleradores de partículas y también en nuestra galaxia. En las regiones centrales de la Vía Láctea se produce abundantemente antimateria. Los astrónomos estudian este proceso desde que detectaron su existencia, en la década de los setenta. El telescopio de rayos gamma de la Agencia Europea del Espacio (ESA), INTEGRAL, ha resuelto ahora uno de los misterios relacionados con la formación de antimateria en el centro galáctico.
Un positrón es la antipartícula del electrón, es decir, una partícula que tiene la misma masa que el electrón y la misma carga, aunque de signo opuesto. Las leyes de la física nos dicen que si un electrón y un positrón colisionan, se aniquilan, y del proceso resultan dos o más fotones. En los casos en que el positrón y el electrón en colisión no sean partículas muy energéticas, el resultado suele ser la emisión de dos fotones, cada uno con una energía igual a la energía en reposo del electrón (o del positrón, no olvidemos que sus masas son iguales), es decir 511 kelectronvoltios (keV).
La detección de radiación con esta energía, que cae en el dominio de los rayos gamma, se considera una señal inequívoca de que está teniendo lugar la aniquilación de electrones y positrones, es decir, de materia y antimateria. Y ésa es justamente la emisión que se detecta en el centro de la Vía Láctea. Se sabe que es un proceso relacionado con las explosiones de supernova o con estrellas muy masivas. La principal fuente de positrones en la Vía Láctea es el decaimiento radiactivo de isótopos de níquel (56Ni), titanio (44Ti) y aluminio (26Al), que han sido expulsados al medio interestelar durante las explosiones de supernovas o por vientos estelares de las llamadas estrellas Wolf Rayet, muy masivas.

54 millones de segundos
Los instrumentos del satélite INTEGRAL detectan precisamente rayos gamma. El análisis de 54 millones de segundos de observación realizados por INTEGRAL ha permitido elaborar un mapa detallado de las zonas de emisión de radiación de 511 keV en la Vía Láctea. Así se ha visto que la emisión se concentra fundamentalmente en la región central de nuestra galaxia, pero también se detecta el disco galáctico. La emisión en el disco no es simétrica, es decir, la cantidad de radiación emitida no es la misma a uno y otro lado del centro de la galaxia.
Pero aún hay más. La diferencia de luminosidades entre el centro y el disco galáctico es cuatro veces superior a la diferencia entre la densidad de supernovas (y por tanto de la producción esperada de positrones) en una y otra región. Es decir, en función de la radiación emitida en ambas regiones, cabría esperar que en el centro de la galaxia se detectaran más supernovas que en el disco. Y no es así. ¿A qué se deben entonces las diferencias en la cantidad de antimateria? ¿Qué hay que no encaja en la teoría? Estos hallazgos obligaron a los expertos a revisar sus teorías sobre la producción de positrones.

Más antimateria en el centro
Finalmente, los astrónomos han dado con la solución al interrogante de los positrones galácticos. Una de las hipótesis de partida suponía que el positrón, al ser una partícula cargada, se vería afectado por los campos magnéticos en nuestra galaxia, y no sería capaz de viajar muy lejos de las zonas donde había sido generado antes de ser aniquilado. Es decir, detectar radiación de 511 keV en regiones donde no hay fuentes conocidas de positrones implicaría la existencia de otras fuentes de producción de positrones, no consideradas hasta el momento. En realidad, este planteamiento no es válido: no es correcto suponer que los positrones no pueden alejarse de las zonas donde fueron creados. Los positrones sí pueden viajar grandes distancias en la galaxia, porque la interacción con fluctuaciones magnéticas no es tan intensa como para afectarles significativamente.
Si a esta movilidad de los positrones añadimos que hay mucha más densidad de materia y antimateria en la región central de la galaxia que en disco, la explicación al misterio es sencilla. Los positrones producidos en el disco, donde la densidad es menor, pueden alejarse mucho de sus zonas de producción. Los positrones producidos en el centro galáctico, en cambio, donde la densidad es más alta, tienen mayor probabilidad de ser aniquilados cerca de donde fueron creados, produciendo por tanto la mayor intensidad en la emisión de 511 keV en el centro galáctico que efectivamente se observa.
¿Por qué hay más materia que antimateria?
Uno de los principales misterios de la física es por qué el universo observable está hecho en su mayor parte de materia. La teoría dice que en el universo temprano, muy poco después del Big Bang, las cantidades de materia y antimateria debieron de estar en equilibrio; algo debió de ocurrir para que la mayor parte de la antimateria decayera o fuera aniquilada. La existencia de la antimateria no fue confirmada experimentalmente hasta 1932. Los rayos cósmicos de alta energía que impactan en la atmósfera terrestre generan cantidades pequeñas de antimateria. También en los aceleradores de partículas, como el LHC que comienza a ponerse en marcha en el CERN, cerca de Ginebra, se produce antimateria.